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Columna de Opinión: La hora de los Héroes

Feb 13 Escrita por  Noticia leída 2350 veces
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Editorial

"La Hora de los Héroes"

Y "...toda la pobre inocencia de la gente..."

Por Rubén Mengarelli Gómez

 

 

Para comenzar, el cronista de esta nota aclara -por honestidad intelectual y respeto a los  lectores- que se halla  opuesto al uso de las sirenas. Particularmente la de los Bomberos de esta ciudad. Algunas de sus razones las hubo expuesto  en el periódico “El Popular” de  D. Romero, hace ya varios años. Quizás alguna vez  CarcaWeb opte por  reeditar dicho texto. Memora el autor que  tal vez aquellas reflexiones carecieron de la trascendencia buscada y fueron poco conocidas aún por las personas que inspiraron su redacción.

No obstante lo dicho, esta sirena que hirió el aire y la piel de la ciudad, el día jueves 5 de febrero de 2015 a las 09.15 am., sonó igual pero fue  distinta a la vez.

En esta ocasión no se trataba de allanarle el camino al coche bomba o a la ambulancia, ni para avisar al séquito de curiosos que habitualmente cierra la marcha. Y que a veces -nos dicen- colaboran con las rutinas del Cuerpo.

Esta sirena de las 09.15, convocó a la recordación- con silencioso recogimiento- de los diez Bomberos y rescatistas que perdieron la vida en el siniestro -hasta este momento sospechado de intencional- que destruyó un edificio destinado a la “guarda y preservación  de documentación  confidencial.”

Se conocen desde hace mucho tiempo los siniestros, estragos ígneos, derrumbes y explosiones, ocurridos en varias partes del mundo a esta empresa dedicada a ese rubro:  Iron Mountain  Inc., la multinacional nacida en Massachusetts, Boston, en 1951.  Se estima que proporciona  servicios a más de 160.000 entidades sólo en EEUU. Entre la Sede Central y sus agencias ocupa más de 19000 empleados. Tiene filiales en Europa. América Latina, y Asia. En su depósito de Barracas ( los tiene también en La Boca y Lugano) que fue destruído por incendio y derrumbe hace justo un año, se encontraban centenares de grandes cajas pertenecientes a empresas privadas, estatales, asociaciones civiles y aún de dependencias judiciales.

Dijo el diario La Nación de Bs. As., apenas de ocurrido el luctuoso suceso:

“No es la primera vez que se quema un depósito de la empresa norteamericana  Iron Mountain, dedicada a archivar documentos, proteger datos y destruir información de diferentes rubros (*).  El hecho que ocurrió hoy en una de sus plantas ubicadas en Capital Federal, que derivó en tragedia con la muerte de 9 personas, ya había tenido lugar en otros depósitos de la empresa en EEUU, Inglaterra  y Canadá”…..”Según  peritos, el fuego fue provocado en forma intencional  y ello generó demandas contra la empresa por la documentación  perdida”  (*) Negrita y subrayado del redactor. Esta declaración  de gestión es por demás de explícita.

“En nuestro país, las hipótesis sobre un incendio intencional, incentivadas por el sensible material documental que varios clientes guardaban en el depósito de Iron Mountain,  motivaron la apertura de varias causas que cayeron en el Juzgado Federal Nº 12 del Dr. Sergio Torres. La Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (PROCELAC) había informado en el pasado mes de Mayo, que decenas de empresas eran investigadas por presuntos lavados de dinero. (Página12/5 feb 2015)

La compañía ya había sido denunciada en 2012 por carecer de las condiciones de seguridad reclamadas por la CABA. Algunos meses después del siniestro,  el propio Secretario de Seguridad Berni , agregaba que en ese año fue realizada la última inspección y que las mismas debían  practicarse cada año. Mucho hay para decir de esto,  ya que el propio ingeniero jefe de la oficina encargada de las habilitaciones en la Capital Federal denunció e hizo públicas la existencia de graves fallas en la estructura del galpón. Que sepamos, no hubo sanción, clausura o evacuación preventiva.

Como en casi todas las ciudades modernas, Carcarañá -que está en vías de serlo-posee por lo menos una empresa de ese tipo desde hace algunos años. La calidad humana y profesional de sus titulares, la deja fuera de cualquier suspicacia,  especulación o valoración ética negativas.

En cuanto a Iron Mountain, los títulos y nombres que exhibían los rótulos de algunas de las cajas que “custodiaba” la multinacional, hoy podrían causar incómodas urticarias a políticos, empresarios, asesores contables y económicos, profesionales diversos y a funcionarios públicos, incluso.

Reproducir esa información -de fuentes calificadas- no es el propósito de esta nota, sino el de advertir, ilustrar y ayudar a “toda la pobre inocencia de la gente”, de la que - indudablemente- formamos parte.

Pero, permita el lector que este escrito se extienda unas líneas más para aclarar  que, las compañías de este tipo son bien conocidas en el mundo y no precisamente por Doña Rosa, sino por  las grandes empresas y corporaciones interesadas en aliviar las sobrecargas físicas de información legal, interna-externa, ya procesada  y archivada. En la mayoría de los casos, se trata de material de interés sólo para los socios o el Fisco. Los Bancos y aún los propios Estados utilizan este sistema de resguardos. 

Vencido el plazo legal exigido para la preservación de esos archivos, éstos pueden ser destruídos por los titulares o por la compañía contratada, a pedido de aquellos.

De aquí en más el campo del análisis y las especulaciones pueden tornarse infinitos. Pero mejor, no deje que una prolífica imaginación la/o traslade a remotos territorios que podrían hallarse colonizados por corruptos.

Desde el inicio  la compañía  de “preservación documentaria” equipa su local -aparentemente- con las condiciones de seguridad exigidas e incorpora –aparte del personal ”técnico” dedicado a los cuidados de los archivos físicos y virtuales-vigilancia privada que se ocupa de exhibir uniformes, disciplina militar y tecnología de control e intervención sofisticados. Así se vende el servicio.

Hay quienes sostienen que -cuando se trata de ocultar actividades “non sanctas”- semejante parafernalia de detección precoz de accidentes, en algún momento-“fortuito” o programado- falla. 

Cuando esto ocurre, se produce el siniestro. Luego de ocurrido, se evalúan los daños y el seguro interviene e indemniza a los propietarios de los archivos. Si hubiera muertos, lesionados, discapacidades permanentes o terceros perjudicados,  abonará los topes de ley. Sino, la situación se dirimirá en los Tribunales, donde los letrados “harán su agosto” y las víctimas jamás serán compensadas. Por supuesto la compañía emitirá un comunicado haciendo llegar sus condolencias a los damnificados y sus familiares, y reclamará “el pronto esclarecimiento de las causas de la catástrofe”. Iron Mountain ya lo hizo.

Así, cumplió con su objetivo y satisfizo a su cliente, quién al fin  logró desprenderse de su “documentación confidencial sensible”. Linda ambigüedad, no?

Claro, esto es pura imaginación!

Y de esos héroes anónimos los Bomberos y los rescatistas, que decir? Que jamás indagan sobre la condición personal del que pide ayuda. Siempre  acuden. Que no conocen o no les importan las tramas, argucias e intrigas tenebrosas, ni los intereses que están en juego. Van al incendio, el derrumbe, la colisión, el estrago atmosférico o la hecatombe urbana, para salvar vidas. Al extremo de arriesgar la propia.  A ellos más que a nadie  y al pueblo del cual provienen, les alcanza  la hermosa estrofa de Gieco. Y justamente en eso reside su inefable valor.

El muro en llamas que se abate  sobre los 11 servidores públicos, tiene sobre si muchas manos que lo empujan hasta derribarlo. Probablemente Ud. coincida con esta afirmación.

Y como es habitual en estos casos, a la autoevaluación que realizan de su accionar los propios servidores-actores de la lucha contra el siniestro, se suman los que cuestionan y hallan culpables a las propias víctimas.

Se ha leído y escuchado que los distintos grupos o dotaciones que acudieron al lugar, se desempeñaron en forma independiente, sin coordinación y mando únificado, que algunos actuaron irreflexiva y temerariamente poniendo en riesgo el operativo, y aún, que había efectivos que objetaban  sus órdenes. La humana condición del que escribe le reclama silencio ante esas acotaciones meramente mediáticas.

El sueño  y la misión del Bombero es proteger y salvar vidas. Nadie que conozca la condición físico-moral-mental de una mujer o un varón dedicados a este  grande Oficio Humano, sospechará jamás  que alguno de ellos haría algo que pusiera en riesgo la vida ajena y en especial las de sus camaradas. “Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos” ( Cristo “dixit”/ Jn 15:13) Nada más hay para agregar.

La historia de la sirena que hirió el aire y la piel del pueblo moncholero el  día 5 de febrero de 2015 a las 09.15 am, ha terminado.

Ojalá  que-por ningún motivo- nunca más suene.

CarcaWeb- 140215

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